Esta es la semana Mundial de Concientización sobre el Uso de los Antibióticos

Los antibióticos son un recurso sumamente valioso, por lo tanto es importante asesorarse adecuadamente antes de tomarlos. Mediante el uso responsable de antibióticos usted y su familia no solo obtendrán el mejor tratamiento, sino que también contribuirán a reducir la amenaza de la resistencia a los antimicrobianos.

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    En la 68.ª Asamblea Mundial de la Salud celebrada en mayo de 2015 se aprobó un plan de acción mundial para luchar contra la resistencia a los antimicrobianos, incluida la resistencia a los antibióticos, que es el tipo de farmacorresistencia que más urge atajar. 

    ¿Qué es la resistencia a los antimicrobianos?
    La resistencia a los antimicrobianos, o farmacorresistencia, es la capacidad que tienen los microorganismos (como las bacterias, los virus y algunos parásitos) de impedir que los antimicrobianos (como los antibióticos, los antivíricos o los antipalúdicos) actúen contra ellos. En consecuencia, los tratamientos habituales se vuelven ineficaces y las infecciones persisten y pueden transmitirse a otras personas.

    La farmacorresistencia es un problema mundial.

    En los últimos años, el uso y el abuso de los antimicrobianos ha incrementado el número y los tipos de microorganismos resistentes. En consecuencia, muchas enfermedades infecciosas podrían volverse incontrolables. Con el crecimiento del comercio mundial y los viajes internacionales, los microorganismos resistentes pueden propagarse rápidamente a cualquier parte del mundo.

    Las causas de la farmacorresistencia.
    La farmacorresistencia es un fenómeno evolutivo natural. Cuando los microorganismos se exponen a un antimicrobiano, los más sensibles mueren, quedando solo los resistentes, que a su vez pueden transmitir esa resistencia a su descendencia.

    El uso inadecuado de los medicamentos es una de las claves de la farmacorresistencia.
    El uso inadecuado de los antimicrobianos es uno de los factores determinantes de la farmacorresistencia. A ello contribuyen el uso excesivo, el uso insuficiente y el uso inapropiado. Para lograr que los pacientes estén informados de la necesidad de tomar las dosis correctas del antimicrobiano correcto es necesaria la colaboración de los prescriptores, los farmacéuticos y dispensadores, la industria farmacéutica, el público y los pacientes, además de los formuladores de políticas.

    La falta de acceso a medicamentos de calidad también contribuye a la farmacorresistencia.

    La debilidad de los sistemas de garantía de la calidad de los medicamentos, que afecta a la mayoría de ellos, puede hacer que los medicamentos sean de baja calidad, con lo que los pacientes quedan expuestos a concentraciones subóptimas de antimicrobianos, creándose así las condiciones para la aparición de la farmacorresistencia. En algunos países la falta de acceso a los antimicrobianos fuerza a los pacientes a tomar tratamientos incompletos o a buscar alternativas, entre las que pueden estar los medicamentos de calidad subestándar.

    La ganadería es una fuente de resistencia a los antibióticos.
    En la ganadería se utilizan dosis subterapéuticas de antibióticos para fomentar el crecimiento o prevenir enfermedades, y ello puede llevar a la aparición de microorganismos resistentes que se transmitan al ser humano.

    Las deficiencias de la prevención y el control de las infecciones amplifican la farmacorresistencia.
    Las deficiencias de la prevención y el control de las infecciones pueden favorecer la propagación de las infecciones farmacorresistentes. Los pacientes hospitalizados son uno de los principales reservorios de microorganismos resistentes y los pacientes portadores de esos microorganismos pueden ser una fuente de infección para otros.

    La debilidad de los sistemas de vigilancia contribuye a la propagación de la farmacorresistencia.
    Aunque la vigilancia de la aparición de farmacorresistencia en la tuberculosis y la infección por el VIH está mejorando, siguen siendo pocas las redes bien establecidas que recopilan y comunican periódicamente datos relevantes sobre la farmacorresistencia. Algunos países carecen de laboratorios en los que se puedan identificar con exactitud la resistencia. Esto dificulta la detección de la aparición de resistencia y la rápida adopción de medidas.

    Prácticamente no hay nuevos instrumentos en fase de desarrollo para luchar contra la farmacorresistencia.
    Los antibióticos y los antiparasitarios existentes, y en menor medida también los antivíricos, están perdiendo su efecto. Al mismo tiempo, las inversiones en el desarrollo de nuevos antimicrobianos son insuficientes. Asimismo, las investigaciones sobre nuevas pruebas diagnósticas para detectar los microorganismos resistentes son insuficientes, y lo mismo ocurre con las nuevas vacunas para prevenir y controlar las infecciones. Si no se cambia esta tendencia, las armas para luchar contra los microorganismos resistentes se agotarán pronto.

    La OMS pide a todas las partes interesadas que participen en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos.

    La amenaza que supone la resistencia a los antimicrobianos es cada vez mayor. Es urgente la adopción de medidas, y todos deben hacer su aportación. En la 68.ª Asamblea Mundial de la Salud, en mayo de 2015, los Estados Miembros aprobaron un plan de acción mundial para hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos cuyo objetivo consiste en garantizar durante el máximo tiempo posible la continuidad del tratamiento y prevención eficaces de las enfermedades infecciosas con medicamentos eficaces y seguros, de calidad garantizada, utilizados de forma responsable y accesibles a todas las personas que los necesiten. Se ha alentado a los países a que elaboren planes de acción nacionales que ayuden a alcanzar los objetivos del plan de acción mundial. Hasta la fecha, 79 países los han elaborado, y otros 49 lo están haciendo.

    La resistencia a los antimicrobianos se está produciendo en todo el mundo; está minando nuestra capacidad para tratar las enfermedades infecciosas y socavando muchos otros avances en los ámbitos de la salud y la medicina. El objetivo del proyecto de plan de acción mundial es garantizar, mientras sea posible, la continuidad de la prevención y el tratamiento satisfactorios de las enfermedades infecciosas con medicamentos eficaces, seguros y de calidad garantizada, que se usen de modo responsable y sean accesibles a todas las personas que los necesiten.

    A tal fin, en el Plan de acción mundial se establecen cinco objetivos estratégicos:

    • mejorar la concienciación y la comprensión con respecto a la resistencia a los antimicrobianos;
    • reforzar los conocimientos a través de la vigilancia y la investigación;
    • reducir la incidencia de las infecciones;
    • utilizar de forma óptima los agentes antimicrobianos; y
    • preparar argumentos económicos a favor de una inversión sostenible que tenga en cuenta las necesidades de todos los países, y aumentar la inversión en nuevos medicamentos, medios de diagnóstico, vacunas y otras intervenciones.
    • La elaboración del Plan se guio por las orientaciones de los países y las principales partes interesadas, sobre la base de varias consultas de múltiples partes interesadas celebradas en diversos foros mundiales y regionales.

    Fuente: OMS



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